lunes, 2 de junio de 2014

La tragedia del Fuerte Navidad.




La tragedia del Fuerte Navidad.


El 28 de noviembre Colón llega a La Navidad y tiene la visión de la tragedia acaecida. Los 39 colonos están muertos; las casas y la fortaleza quemadas.
No parece haber duda de que la culpa de los primeros desordenes en La Navidad no haya sido de los aborígenes. Es necesario imaginar con la ayuda de la fantasía el escenario: 39hombres, no delincuentes, pero tampoco eran frailes piadosos, de temperamento fuerte, hechos a las tormentas del mar, acostumbrados a vivir alejados de las familias, habituados a desahogar sus instintos sexuales en las mujeres halladas en los puertos donde desembarcaban. Aquí había cuantas mujeres querían, disponibles pero no en el respeto reciproco, el amor libre. Posible  no es, pero lo fue.
Por otro lado el oro, custodiado con celo el secreto para encontrarlo y cuando era hallado por más de uno, los pleitos inevitables para su repartición.
El clima, transcurrían los meses y las estaciones y el calor era el mismo. En esos once meses nunca hubo un día frio invernal  y tampoco un día de calor seco de verano. El clima exacerbo los defectos y los deprimió.
Guacanagarí, precisamente se consideraba y era sincero amigo del Almirante y sus hombres, no pudo dejar de escandalizarse por el comportamiento de los españoles que, con el transcurso de los meses, se había vuelto cada vez más arrogante y malo.

Las intenciones de Colon y los reyes: Dios, Cristo y la Virgen
La respuesta fue: blasfemia, sarcasmo y risotadas.
Canoabo fue uno de los dos caciques caribes que ya no tenían costumbres caníbales, pero descendió de la montaña y puso término  a tanta ignominia; dio muerte a los blancos sobrevivientes; prendió fuego al poblado y al fuerte. Canoabo represento el vengador, la justa venganza, el lógico castigo del severo Dios del Antiguo Testamento.

Guacanagarí y Canoabo, uno era Taino el otro Caribe, las relaciones entre ellos  no era amistosa. Guacanagarí  vio el desarrollo de los trágicos acontecimientos; no logro evitarlos.
La hipótesis probable es que Guacanagarí se haya mantenido neutral durante los acontecimientos de La Navidad y que sus declaraciones y la de los suyos a Colón contengan elementos de falsedad y de mentira por el miedo a ser castigados.
Colón ante la narración de lo ocurrido en La Navidad no se conmovió, sino que permaneció impávido, frio, al menos exteriormente. Cualquiera sea el efecto profundo de esta tragedia en su ánimo, Colón, por el momento, lo esconde con su reserva habitual, la cual es una de sus características más relevantes.
Es fácil imaginar las impresiones de los 1200 hombres que, con  entusiasmo, habían decidido participar en la aventura.
Aquí la estrella de Cristóbal Colón comienza a declinar. Se encuentra en una tierra hostil, con 1200 hombres que dirigir en medio de florestas insalubres. No queda entonces sino volver a partir. Volver atrás.
Finalmente Cristóbal Colón desciende a tierra para fundar allí la nueva ciudad, la colonia prometida, con una apresurada y obligada decisión, fundo la nueva  colonia. No la llamo Nueva Navidad: también el nombre debía desaparecer de la memoria. Le dio el nombre de la Reina, de quien lo había sostenido, ayudado, protegido: La Isabela.



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